El Freno de mano de la Naturaleza
En el momento actual la depresión es el mayor motivo de incapacidad pero aunque está ampliamente estudiado el estado depresivo en el ámbito neurológico y psiquiátrico se hace necesaria una diferenciación de las diferentes vías que inducen ese estado para entender completamente esta enfermedad.
Generalmente se habla de desajuste o insuficiencia neuroquímicos y aunque esto es posible no refleja la totalidad de las causas de la depresión en el ser humano, ni siquiera la mayoría. Pensar que los cerebros están naciendo defectuosos en tal escala es sencillamente absurdo; la genética tiene un peso pero no es la única explicación de estos desequilibrios. Sin duda estas circunstancias pueden darse y sí inducirían la sintomatología depresiva, en una forma muy variada además, atendiendo a qué falte o sobre, qué falle en el cerebro del individuo. Ésta es la causa mayormente tratada y generalmente referida de depresión hoy en día aunque, afortunadamente, las nuevas diagnosis psicológicas y psiquiátricas están empezando a ganar terreno a la hegemonía del argumento neuroquímico.
También puede ocurrir una saturación del sistema nervioso. Un cuerpo con un cableado, el sistema nervioso, unos sensores, los órganos de los sentidos, y centros de procesamiento, el cerebro y otros órganos, tiene unas limitaciones físicas que se pueden alcanzar si el contexto estimula en exceso la biología del individuo. El estrés sostenido y la sobreestimulación sensorial son resultado de un entorno saturante y agobiante, principal pero no exclusivamente para los perfiles nerviosos más sensibles, que obliga a los cuerpos a reducir la motivación por la percepción del entorno y a la búsqueda de la reclusión defensiva. Igual que un entorno muy contaminante mantendría al cuerpo enfermo así el mundo de la saturación emocional y sensorial mantiene a las personas enfermas y desanimadas porque su biología sabe que necesita descanso. El burnout, cada vez más incidente, es un ejemplo claro de ello y su relación con la depresión es estrecha.
Por último, el cerebro es una máquina de predicción y ante cierta información nueva que no puede integrarse en el viejo modelo necesita buscar el repliegue hasta construir uno nuevo que pueda incluirla. Esto no es malo, no constituye una enfermedad por sí mismo y es el motivo por el que mucha gente habla de que el estado depresivo es normal en la vida o de que salió de él reforzada y revitalizada. También es lo que hace la naturaleza ante la necesidad de descanso, nadie tiene ganas o disfruta igual de las cosas cuando está cansado porque el cuerpo necesita estar descansado para ello; y curiosamente los principales síntomas depresivos son la dificultad para sentir placer y la desmotivación generalizada. Sin embargo el problema surge cuando el entorno es tan incierto, constantemente acelerado y cambiante, que al cerebro no le alcanza para desarrollar un modelo predictivo estable. Tampoco ayuda que el imperativo contemporáneo de rendimiento condene y dificulte la pausa necesaria para ese proceso. Es el equivalente a intentar montar un puzzle cuya imagen cambia constantemente, no se ha terminado de armar y ya no sirve lo que se tenía montado. Es matemáticamente posible descubrir el patrón y calcular un modelo de resolución dinámico pero sólo en un tiempo mucho mayor y con una computación mucho más intensa; en la escala humana, con cerebros con límites computacionales claros y una esperanza de vida que, aunque cada vez mayor, sigue siendo limitada la resolución del puzzle no es posible y el estado depresivo se da reiteradamente en un intento de integrar cada nueva modificación del entorno. Una realidad sin certezas de futuro es el caldo de cultivo para una sucesión constante de depresiones que, de otro modo, serían rupturas normales de sentido e interpretación de la vida y que sucederían mucho menos. Procesos de maduración naturales en el transcurso vital del individuo de los que éste saldría reforzado y renovado.
A todo esto se suman la posibilidad de trauma, de desregulación endocrina, la soledad percibida y otras circunstancias de vulnerabilidad.
Todos estos modelos sirven para entender una posibilidad de surgimiento de la depresión, sus causas y naturaleza y, de hecho, las causas convergen casi siempre para derivar en la enfermedad, pero sólo el conjunto explica por qué hoy es la primera causa de incapacidad mundial y por qué su incidencia no disminuye. La biología impone un freno de mano natural a un modelo de mundo que no suelta el acelerador. Es necesario desacelerar la vida si queremos que esta epidemia creciente se detenga. Crear un contexto, primero personal, también internamente, incluso en el plano del desarrollo espiritual, que permite hallar un sentido, y luego social, lento, predecible, comprensivo con el repliegue madurativo y relajado.
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